ANTES DE FIRMAR

Hay dos consideraciones adicionales antes de firmar un contrato de representación con un agente literario que quisiera mencionar esta semana.

La primera es averiguar quién es la persona que va a estar a cargo de “mi cuenta”. Esta es una pregunta importante tanto si se trata de una agencia grande como de una pequeña, porque no necesariamente el dueño de la agencia ni la persona con quien se estableció el contacto inicial con el autor van a ser quienes personalmente se van a encargar de hacer el trabajo de presentar la obra a editores potenciales, ni de comunicarse con el autor en el día a día. Yo personalmente quiero saber si a esa persona le gusta mi obra y cómo la evalúa. ¿Cree en ella como en algo que lo va a hacer exitoso en su carrera como representante, o me considera un autor más que no le genera real entusiasmo? Todavía más, ¿la leyó completa? Personalmente creo que si la persona que va a estar a cargo de ofrecer mi obra a las casas editoriales no la entiende, o no la ha disfrutado, no va a ser exitosa en sus intentos por venderla. ¿Cómo es la química con esa persona? Un contrato de representación es un negocio, y las personas hacen negocios con personas que les gustan, no hay que engañarse. Nadie busca a un enemigo ni a una persona que le parece antipática para hacer un negocio, mucho menos cuando se trata de algo tan sagrado, tan vital para el escritor, como la representación de su obra. La firma del contrato implicará una relación de negocios de cuando menos dos años, a lo largo de los cuáles habrá momentos buenos y malos. ¿Es la química con esta persona lo bastante buena como para que el autor quiera sortear y resolver problemas cuando se presenten, o tan mala que saldrá corriendo al primer tropiezo, o embestirá con todo lo que tenga, incluyendo abogados?

Otra pregunta de importancia es si el agente tiene como política informar acerca de todas las ofertas que reciba, o si ejerce un filtro inicial y rechazaría ofertas antes de discutirlas con el autor. Esta no es una pregunta fundada en esperanzas fantasiosas sino en consideraciones financieras prácticas. Un agente literario de carrera en U.S.A. puede tener estándares más altos de lo que se considera una buena oferta, mientras que la situación financiera personal del escritor puede llevarle a considerar que cualquier oferta será buena siempre y cuando venga pronto. ¿Cuáles son las expectativas de cada una de las partes, el agente y el autor a este respecto?

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