CANDIDATOS AL NOBEL QUE NO GANARON: ASSIA DJEBAR

Assia Djebar, quizás la escritora más reputada proveniente del Magreb (región en el norte del Africa conformada por Marruecos, Tunez y Argelia, tres países diferentes que comparten cultura, demografía e idiosincrasia), es quizás una de las candidatas más fuertes al premio Nobel en los próximos años, debido a los temas de su escritura. La suya es una obra que relata, denuncia y reivindica la posición de la mujer dentro de la cultura tradicional árabe, y ya sabemos que ese tipo de escritores, aquellos cuyo trabajo tiene un compromiso social o político claro en un tema que resuena para la cultura de occidente, ganan espacio en la candidatura por el premio. Transcribo un extracto de una de sus obras, y debajo un acceso a un artículo muy interesante sobre esta escritora.

“No recuerdo nada de la sesión del fotógrafo de escuela; al menos de la primera fotografía en que aparezco, precisamente en esa clase de chicos.

La miro ahora, tantísimos años después. (…)

Me pusieron en medio de la primera fila: una chiquilla de frente abombada, pelo negro corto y de mirada sin duda resuelta, pero que no sé cómo definir. En la pizarrita que sostiene un chico sentado está escrita la fecha del año escolar en tiza: 1940. (…)

Recrear el momento de posar: mi padre hizo que se sentaran afuera, delante de la puerta, todos sus alumnos: los más pequeños y más bajos, delante, sentados en dos filas, lo mayores detrás, de pie.

Debió de pasar revista al estado de sus indumentarias, para que no parecieran tan flacos. A continuación se colocó a un lado: todos están listos para la foto.

¿Y yo? Debía de estar esperando, dócil y silenciosa, un poco apartada, a un lado. Era la primera vez: nadie me había explicado el ritual de la foto de clase. De repente… ¿Qué impulso de repente arrastró a mi padre? Me miró. Me vio sola, esperando, e intimidada, como de costumbre. ¿Qué le pasó? ¿Una repentina ternura? ¿Un sentimiento vago de injusticia al verme sola, separada de aquellos niños, como excluida? Por un instante olvidó que era una niña, y por lo tanto un ser aparte para sus alumnos… Vino a buscarme y me cogió de la mano; mandó retroceder a los niños de la primera fila y me sentó en el centro, frente al fotógrafo…

Volvió a su sitio de maestro vigilante.

Y entonces yo, como presidiendo: inesperada reina entre futuros guerreros. Presidiendo y sin saberlo.

Para el maestro, ahora todo está en su sitio, justo antes del disparo, se estira y espera junto a los que instruye. Posa para los demás–para todo el pueblo, incluida la pequeña sociedad colonial a la que insolentemente provoca con su orgullo y sus reivindicaciones igualitarias. Posa orgulloso junto con los cuarenta chicos que educa, y no solo en el aprendizaje del francés, y orgulloso también de su hija mayor –es una niña, bueno y qué–, y la ha colocado en el centro.

Ahí se queda la chiquilla, con el torso ligeramente inclinado hacia delante, la cara tensa y con una mirada seria que no corresponde a su edad –cuatro años, tanto como decir cuarenta dentro de nada. Se da cuenta, pero muy confusamente, de que desentona: en otros sitios esto no debe de pasar, colocar a una chiquilla completamente sola en medio de cuarenta niños, y además mayores. No sabe que los intimida; los percibe como una presencia única, respetuosa, pero desconfiada, por no decir hostil. Su padre, a un lado, espera, como todos, el disparo.

Fue la primera fotografía que me hicieron. Un día de clase en los comienzos de la guerra mundial en un pueblo del Sahel argelino”.

Assia Djebar. Grande es la prisión. Ediciones del Oriente y del Mediterraneo, Guadarrama, 1997, pp. 345

http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/798/805

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Noviembre 2013