EL CONDE DE MONTECRISTO

EL CONDE DE MONTECRISTO

Alejandro Dumas

Francia, Julio 24 de 18 – Diciembre 5 de 1870

…”Permaneció Fernando impasible sin cuidarse de enjugar las lágrimas que resbalaban por las mejillas de Mercedes, aunque a decir verdad, por cada una de aquellas lágrimas hubiera dado mil gotas de su sangre…, pero aquellas lágrimas las derramaba por otro. Púsose en pie, dio una vuelta por la cabaña,volvió, detúvose delante de Mercedes, y con una mirada sombría y los puños crispados exclamó:

-Mercedes, te lo repito, responde, ¿estás resuelta?

-¡Amo a Edmundo Dantés -dijo fríamente Mercedes-, y ningún otro que Edmundo será mi esposo!

-¿Y le amarás siempre?

-Hasta la muerte.

Fernando bajó la cabeza desalentado; exhaló un suspiro que más bien parecía un gemido, y levantando de repente la cabeza y rechinando los dientes de cólera exclamó:

-Pero, ¿y si hubiese muerto?

-Si hubiese muerto… ¡Entonces yo también me moriría!

-¿Y si lo olvidase?

-¡Mercedes! -gritó una voz jovial y sonora desde fuera-. ¡Mercedes!

-¡Ah! -exclamó la joven sonrojándose de alegría y de amor-; bien ves que no me ha olvidado, pues ya ha llegado.

Y lanzándose a la puerta la abrió exclamando:

-¡Aquí, Edmundo, aquí estoy!

Fernando, lívido y furioso, retrocedió como un caminante al ver una serpiente, cayendo anonadado sobre una silla, mientras que Edmundo y Mercedes se abrazaban. El ardiente sol de Marsella penetrando a través de la puerta, los inundaba de sus dorados reflejos. Nada veían en torno suyo: una inmensa felicidad los separaba del mundo y solamente pronunciaban palabras entrecortadas que revelaban la alegría de su corazón.

De pronto Edmundo vislumbró la cara sombría de Fernando, que se dibujaba en la sombra, pálida y amenazadora, y quizá, sin que él mismo comprendiese la razón, el joven catalán tenía apoyada la mano sobre el cuchillo que llevaba en la cintura.

-¡Ah! -dijo Edmundo frunciendo las cejas a su vez-; no había reparado en que somos tres”…

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Julio 2014