EL ESPIRITU DE LOS ESCANDALOS

Dos escándalos en relación con el Premio Nobel de Literatura a lo largo de su historia me han llamado la atención, en particular porque reflejan actitudes diametralmente opuestas que podrían ser consideradas como espejos del espíritu de los tiempos que les correspondieron. Uno estuvo basado en un conflicto de ideologías. El otro, en un conflicto de intereses.

El primero de estos dos escándalos es la negativa de Jean Paul Sartre, en 1964, a recibir su premio. En una carta a la Academia, Sartre declinó recibir el Premio Nobel argumentando razones personales y razones objetivas. La razón personal que esgrimió fue que él siempre se había rehusado a aceptar todo honor o premio por considerar que ellos podrían comprometer su independencia como escritor con respecto a la institución que ofrecía el premio. Mencionó que en el pasado él ya se había negado a aceptar honores tales como ser miembro de la Legión de Honor de Francia, y que por consiguiente su decisión ya tenía precedentes. Como razones objetivas, Sartre argumentó, entre otras, que él no consideraba que a lo largo de su trayectoria la Academia había sido fiel a su deber de representar imparcialmente a escritores de cualquier nacionalidad e ideología, y que por consiguiente recibir el premio no sería justo para con los escritores de otros hemisferios a quienes no se habían concedido las mismas oportunidades. Dado que las decisiones de la Academia son finales, inapelables, ese año no hubo ceremonia de premiación.

El segundo escándalo que ha llamado mi atención es de una naturaleza completamente distinta. Se trata del Premio Nobel del año pasado, que fue concedido al escritor chino Mo Yan. El escándalo se produjo cuando se supo que uno de los miembros de la Academia, Göran Malmqvist, quien se constituyó en una voz muy activa y beligerante para apoyar al galardonado durante las deliberaciones previas a la decisión,, había sido traductor de la obra de ése mismo escritor y por consiguiente podría beneficiarse financieramente al vender los derechos de esas traducciones después de anunciado el premio. El asunto se consideró una seria amenaza para la imagen de integridad de la Academia. Al parecer, existen reglas muy claras con respecto a la necesidad de que los miembros de esta institución se retiren de las discusiones en caso de entreverse un conflicto de intereses, hecho que no ocurrió en el 2012. Todavía peor, Malmqvist respondió públicamente a la prensa Sueca con insultos indignantes. Esto, sumado al hecho adicional de que el escritor premiado al parecer goza del favor del régimen comunista, fueron todos factores que, desde el punto de vista occidental, contribuyeron a arrojar sombras de malestar con respecto al premio del año pasado.

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