Otra forma de generar sentimientos hacia personajes de una novela, además del lirismo que mencioné ayer a propósito de Lucie en La Broma, es a través de una descripción “emocionalmente cargada” de su forma de proceder, o de su historia, o sus pensamientos o sentimientos. Ya sé que esto suena como una frase que no aporta nada nuevo. Sin embargo, a lo que me refiero específicamente es al uso de adjetivos asociados con emociones especialmente intensas para que no pasen desapercibidos. He encontrado que esto es más efectivo cuando se trata de generar sentimientos negativos. No puedo evitar volver a Dostoievski cuando busco un escritor que haya hecho odiar a uno de sus personajes. He incluido debajo dos párrafos referentes a Fiodor Pavlovitch, el padre en Los Hermanos Karamazov.
“Fiodor Pavlovitch era uno de esos hombres corrompidos que, al mismo tiempo, son unos ineptos -tipo extraño, pero bastante frecuente- y que lo único que saben es defender sus intereses. Este pequeño propietario empezó con casi nada y pronto adquirió fama de gorrista. Pero a su muerte poseía unos cien mil rublos de plata. Esto no le había impedido ser durante su vida uno de los hombres más extravagantes de nuestro distrito. Digo extravagante y no imbécil, porque esta clase de individuos suelen ser inteligentes y astutos. La suya es una ineptitud específica, nacional”.
“…Cualquiera puede figurarse lo que sería aquel hombre como padre y educador. Abandonó por completo al hijo que había tenido con Adelaida Ivanovna, pero no por animosidad ni por rencor contra su esposa, sino simplemente porque se olvidó de él. Mientras abrumaba a la gente con sus lágrimas y sus lamentos y hacia de su casa un lugar de depravación, Grigori, un fiel sirviente, recogía a Mitia. Si el niño no hubiera hallado esta protección, seguramente no habría tenido a nadie que le mudara la ropa. También su familia materna le había olvidado. Su abuelo había muerto; su abuela, establecida en Moscú, estaba enferma; sus tías se habían casado. Por todo lo cual, Mitia tuvo que pasar casi un año en el pabellón donde habitaba Grigori. Y si su padre se acordaba de él (verdaderamente era imposible que ignorase su existencia), habríaterminado por enviarlo al pabellón para poder entregarse libremente a su disipada vida…”
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