HEREJÍA
Se dice que Neruda hizo un tapiz de conchas marinas, que el mismo recogió del mar, a la entrada de su casa en Isla Negra con la intención de proporcionar a sus amigos una bienvenida de masajes en los pies muy reconfortante. Y allí están, efectivamente, en el vano de la puerta, enterradas en un piso en tono rosa, las hileras de conchas blancas de tamaños varios. No pude menos que apartarme con ese miedo supersticioso que me produjeron siempre las conchas. Y es que una concha, para mí, es un cadáver, y no me parece una buena idea sembrar la entrada de ninguna casa con cadáveres. ni siquiera si se trata de la casa de Neruda. Resultaría tan solo un imán para la mala suerte, para el desasosiego, para esa desesperanza y ese sentimiento denso y negro que impregna en el alma del ser humano todo lo que huele, física o moralmente, a muerto. No logré admirar al gran poeta cuando recorrí su casa en Isla Negra, a pesar de ser una casa formidable, o quizás precisamente debido a eso. Mascarones, esculturas, estatuas, el bar, el comedor, la estructura en forma de barco, todo está tan cuidadosamente diseñado que es imposible dejar de presentir que el poeta no hizo de Isla Negra un hogar sino un vestuario apropiado a su gloria, un lugar para atraer miradas y de esa manera afianzar su propia imagen de poeta profundo y extravagante.
http://www.bing.com/images/search?q=interior+isla+negra+neruda&id=EC47076D3402112F84C3ACC7DA3FF99D5DB2F98A&FORM=IQFRBA
REVERENCIA
Y allí, en medio de todo este escenario fabricado (afirmación que no me perdonará la historia), el mar en su ser austral, escenario real, regalo del universo, se irguió vibrante y poderoso para inspirar versos que no fueron creados con el fin de afianzar ninguna imagen sino que nacieron desde la profunda sensibilidad de un poeta estructural, no de un escribidor de poemas, para elevar el alma de la raza humana:

Alturas de Macchu Picchu, XII.
“Sube a nacer conmigo, hermano.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares…”
“Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apagadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre”.
Pablo Neruda. Canto General. Seix Barral, Barcelona, 2008.
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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Abril 2015.