LAS CIEN NOVELAS MÁS IMPORTANTES: 25-27

25. Mujercitas – Louisa M. Alcott (1868 – 1869)
Se dice que Mujercitas fue una obra autobiográfica, en donde Louisa M. Alcott sería Jo, la intelectual de entre las hermanas, quien aspiraba a convertirse en escritora. Fue una novela encargada por un editor a una autora que ya había publicado algunos trabajos anteriores, literatura para niños. El éxito fenomenal de la serie a través de los tiempos se atribuye en parte a que refleja la vida cotidiana del momento, dando sin embargo a las protagonistas la oportunidad de vivir esa vida diaria de acuerdo con sus fantasías e ideales. Los paseos, las improvisaciones teatrales, y muchos más de los elementos que aparecen en la historia, son situaciones que ninguna de las hermanas hubiera podido vivir de no ser por la ausencia del padre, pero que en la historia se viven y se sienten como algo plausible y verosímil.

26.The Way We Live Now – Anthony Trollope (1875)
Me parece que ni el autor ni la obra son muy conocidos en nuestro medio de habla Hispana. De hecho, no logré encontrar el título en español de The way we live now. Anthony Trollope fue un prolífico escritor inglés de la era Victoriana, si bien a la mayoría de sus cuarenta novelas no se les atribuyó mayor mérito literario. The way we live now es considerada su gran obra maestra, sin embargo. Uno de sus méritos, es que comienza como una sátira contra la corrupción de la época, pero evoluciona hasta un tono humorístico y entretenido. Otro aspecto por destacar es que aparece un personaje verdaderamente “monstruoso” (Melnotte), epítome de una persona adinerada y sin escrúpulos, antihéroe muy famoso.

27.Anna Karenina – Leon Tolstoy (1869 – 1877)
A Anna Karenina debo en parte mi decisión de escribir novelas. La leí a escondidas cuando tenía ocho o nueve años, y aunque en ese momento no creo haber entendido mucho lo que sucedía en la historia, sí tengo en mi mente, todavía y con gran fidelidad, varias de las imágenes que este maestro de la literatura nos regala. Me refiero a su manera de pintar con palabras: la llegada del hermano de Ana con una gran pera para su esposa para encontrarse con que ella habia descubierto su infidelidad, el momento cuando Kitty intuyó, en el gran baile, que esa mujer (Anna) plena y sensual había robado para siempre el interés del Conde Bronsky, el momento cuando Anna regresó a su casa después de conocerlo y no pudo evitar pensar en cómo eran de largas las orejas de su marido, Anna embarazada con su vientre enorme esperando la llegada de un Bronsky ahora menos apasionado….todas esas son escenas que se fijaron en mi mente para siempre y que me hicieron sentir reverencia por la habilidad para, literalmente, pintar con palabras. Aquí estoy, en parte gracias a Anna Karenina.

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Marzo 2014