“RITUALES”, CON LA MAESTRÍA DE CEES NOOTEBOOM

“El día en que se suicidó Inni Wintrop las acciones de Philips se cotizaban a 149,60. El cambio al cierre del Banco de Amsterdam había sido del orden de 375 y el de la Unión Naviera había bajado a 141,50. El recuerdo es como un perro, que se echa donde le apetece. Y de lo que se acordaba –si es que se acordaba de algo– era de las oscilaciones de la bolsa, de la luna espejeando en el canal y de que se había ahorcado en el water de su casa porque él mismo había pronosticado, en el horóscopo del Het Parool, que su mujer le abandonaría por otro y que él, de signo Leo, se suicidaría. Pronóstico cumplido: Zita se fugó aquel día con un italiano y él, Inni, se quitó la vida colgándose en el water. También había leído aquel día un poema de Bloem, pero ya no recordaba cuál. Se ve que el caprichoso chucho le falló en ese punto.

Hacía seis años, la víspera de su boda, sentado en la escalinata del Palacio de Justicia, en el canal del Príncipe, había derramado lágrimas tan auténticas como las que vertió Zita la noche en que la desfloró en un antro lleno de ranas y reptiles de la calle Valerius. Y por las mismas razones: oscurospresentimientos y una insondable congoja por algo, nosabía qué, pero en todo caso algún signo o ceremonia que viniese a cambiar su vida.

Amaba profundamente a Zita. En secreto, sólo para sus adentros, la llamaba princesa de Namibia. Tenía los ojos verdes, el pelo de un rojo brillante y el cutis de un rosa pálido mate como por derecho de herencia le correspondía, ya que todas éstas eran precisamente características de laalta nobleza namibia. De igual modo, presentaba el talantesereno y retraído considerado como el auténtico distintivode la aristocracia namibia”.

Cees Nooteboom. Rituales. Editorial Siruela, 2009

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Mayo 2014