EL CRITICO ARTISTA

Oscar Wilde escribió alguna vez, entre varios otros, un ensayo en forma de diálogo acerca de la crítica del arte(1). Aunque se trata de una conversación entre dos personas, con el mismo formato de la mayoría de sus obras, el de dramaturgia, tanto el tema como la carencia de una historia y la extensión y profundidad de las intervenciones de cada uno de los interlocutores conduce a ubicar la obra dentro del género del ensayo. Me pregunto si quiso seguir el formato de los diálogos de Platón, a quien se nombra a lo largo de las más de cincuenta páginas que componen “El Crítico Artista”, o si más bien tuvo la intención de escribir otra de sus piezas teatrales pero su reflexión personal se impuso por sobre la necesidad de desarrollar un drama con situaciones y personajes y fue así como el escrito terminó siendo un ensayo. En todo caso, en el fondo la pieza forma parte de sus ensayos acerca de la estética del arte.

Una de las primeras reflexiones del ensayo que me ha llamado la atención se refiere al sentido del trabajo del artista o creador:

¿Por qué no dejar al artista que cree su propio mundo, o, si no, representar el mundo que
todos conocemos y del que cada uno de nosotros, a mi juicio, se cansaría si el arte, con su
delicado espíritu de selección, no lo purificase para nosotros y no le diese una perfección
característica del autor?

Para mí es claro que en el párrafo anterior se está atribuyendo al creador el papel de crear su propio mundo, o de purificar y perfeccionar el mundo que todos conocen con base en una selección delicada de… ¿qué? Alcanzo a conjeturar, creo que con buen fundamento desde mi experiencia como escritor, que, para Wilde, aquello que el creador selecciona de entre el mundo, para purificarlo, son los aspectos de realidad que decide reflejar y recrear en su obra. Me refiero por ejemplo a las características físicas, morales o psicológicas de personas de la vida real que el novelista puede tomar como inspiración para delinear a sus personajes, o los acontecimientos alrededor de los cuáles desarrolla sus fábulas. Esto también implica, para mí, que Oscar Wilde reconoció que la obra del artista no es ni una mera reproducción de la realidad, ni tampoco una invención sin asidero en ella. Leyendo despacio a lo largo del diálogo al que me refiero aparecen algunas otras consideraciones de especial interés para el trabajo literario, acerca de las cuáles me gustaría reflexionar esta semana.

(1) Wilde, Oscar. The Critic as Artist. Mondial, N.Y., 2007

GRACIAS POR LEER Y COMPARTIR MI BLOG: http://www.florentinoletters.com