ENTRE ALEXIS Y LA YOURCENAR

Uno de los tesoros que me compré en las vacaciones (ya borradas entre el vórtice helado de lo que en Chicago se reconoce como una nueva concepción del clima, dónde una temperatura de 10°F es prácticamente un verano), fue una copia en español de la primera novela de Marguerite Yourcenar “Alexis”. En nuestro mundo de escritores se tiende a creer que la primera novela de un escritor necesariamente muestra su inexperiencia y sus vacilaciones, y con esa expectativa abordé la lectura. Tamaño error, en este caso, porque lo que me encontré fue la maestría del maestro desde una alborada que ya desde entonces era cénit, y que lo sigue siendo. Hay tres aspectos que quiero destacar en esta nota:

  1. El tema: escrita en 1929, cuando aún el mundo no discutía el tema como lo hace hoy en día, Alexis es la carta de un homosexual a su esposa para explicarle los motivos de su ruptura. La obra, sin embargo, es mucho más que una exploración sobre el tema de la homosexualidad. Es una denuncia, una revelación, sobre la existencia de una interioridad que el ser humano reconoce y oculta. Esa interioridad. La que todos mantenemos deliberadamente oculta. Esa, dónde aquello que sabemos que somos vive y obra. Esa que mantenemos a la sombra intencionalmente porque nos causa vergüenza, o nos contradice, o nos debilita. No me refiero ni al subconsciente ni al pre-consciente ni a ninguna dimensión compuesta por lo que el individuo no sabe acerca de sí mismo, sino a aquello que ya hemos descubierto acerca de nosotros mismos y que instintiva pero fieramente escondemos a todos, siempre. Me pregunto que será ese eso en cada uno de mis lectores.
  2. La literatura: “…Vencí. A fuera de recaídas miserables y de victorias aún más miserables, logré vivir durante todo un año cómo hubiera deseado vivir toda mi vida. Amiga mía, no tienes que sonreír. No quiero exagerar mi mérito: tener mérito al abstenerse de cometer una falta es ya, de alguna manera, sentirse culpable. Algunas veces, conseguimos dirigir nuestros, menos nuestros pensamientos, pero en nuestros sueños no podemos influir nunca. Soñé. Conocí el peligro de las aguas estancadas. Parece como si actuar nos absolviera. Hay algo puro en un acto, aunque sea culpable, comparándolo con los pensamientos que de él nos formamos. Digamos, si lo prefieres, que es menos impuro debido a ese no sé qué de mediocre que siempre tiene la realidad…”.*
  3. La reflexión del autor sobre su propia obra (en una reedición aparecida casi cuarenta años después y que en mi copia aparece como prólogo): “…La obscenidad, método que ha tenido en todo tiempo sus adeptos, es una técnica de choque que puede servir cuando se trata de forzar a un público mojigato o hastiado a mirar de frente a aquello que no quiere ver o que, por exceso de costumbre, ya no ve. Su empleo también puede corresponder legítimamente a un afán de limpieza de las palabras, de esfuerzo por devolver a vocablos indiferentes en sí, pero ensuciados y deshonrados por el uso, una especie de limpia y tranquila inocencia…”.

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Enero 2015

* Marguerite Yourcenar. Alexis o el tratado del inútil combate. Punto de Lectura, Colombia, 2013