IDENTIDAD DE MARCA DEL ESCRITOR

La obra del escritor, igual que cualquier otro producto para la venta (independientemente de que sea autopublicada o no), necesita comunicar en el empaque algún concepto o idea que indica qué es lo que se está ofreciendo en realidad. Se trata simultáneamente de una guía muy general acerca de cuál es el tipo de lector a quien la obra va dirigida principalmente (por ejemplo académicos o lectores de novela policíaca), una exposición del argumento de venta (diviértase o sorpréndase o disfrute de la buena literatura…) y, algo importantítisimo, una presentación de qué es aquello que es único en el escritor y que será consistente a lo largo de toda su obra. Es el momento en el que el escritor dice “este soy yo”. Es el momento de comunicar su identidad de marca.

Aquí, no estoy hablando exactamente del mundo interior del autor porque ése mundo no es algo que se decida ni se diseñe. Después de todo el mundo interior del autor es algo inconsciente que se manifiesta progresivamente a lo largo de todas sus obras y es el lector quien en últimas lo identifica y descubre. El mundo interior de Edgar Allan Poe, por ejemplo, es uno que está lleno de penumbras y de presentimientos sobre peligros que no se comprenden pero se captan. Es denso, oscuro, torturado, meláncolico, solitario, interno, sufriente. Cuando yo pienso en sus historias, viene a mi mente el color negro.

Estoy hablando más bien de comunicar cuál es el tema fundamental que subyace en el trabajo del escritor, qué es lo hace en general su obra interesante (toda su obra, no este trabajo autopublicado en particular), y que lo identificará a lo largo de todos sus trabajos. En el mundo de la publicidad esto se llama la identidad de marca. La identidad de marca de Cocacola, por ejemplo, es una que comunica siempre, siempre, siempre, juventud, alegría y vida vibrante. La frase de Cocacola “Destapa la felicidad”, es la misma en todos los países en su respectivo idioma.

Establecer la identidad de marca del escritor puede ser un trabajo difícil, pero es muy, muy necesario. Es lo que le va a permitir ser ubicado en forma concreta dentro de un universo de escritores. A fuerza de repetir su identidad de marca en todas partes y a través de todas las formas como el escritor pueda llegar a comunicarse con sus lectores (sus entrevistas, sus comunicaciones en las redes sociales, la publicidad de sus obras, las reseñas de sus comentaristas), el escritor va adquiriendo para el lector una personalidad específica, definitoria. Esto sí es intencional y deliberado. Esto sí se diseña y se decide. Esto sí se planea.

Tres preguntas que pueden ayudar al escritor a decidir cuál va a ser su identidad de marca son:

– ¿Qué clase de escritor quiero que se me considere?
– ¿Cuál es mi obsesión como escritor, qué es aquello que aparece en mi mente una y otra vez independientemente de la historia que estoy escribiendo?
– ¿Con la obra de cuál escritor se identifica más la mía (vs. cuál me gusta más)?

Algo que ayuda muchísimo a proponer la propia identidad de marca, es escribir un párrafo (y sólo uno) que sintetice la(s) respuesta(s) a lo anterior. El ejercicio vale la pena. Una vez establecida, la identidad de marca es para ser repetida una y otra vez y otra. Una forma para asegurarse de que el escritor que escribirá la presentación de la obra autopublicada la reflejará en su escrito, es entrevistarse con ésa persona y repetir ese mismo mensaje varias veces.