LA LITERATURA COMPLEJA

Obsesión, de la escritora austriaca Elfriede Jelinek que ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 2004 es un libro que, me parece, desafía al lector en varios sentidos. Uno de ellos, es la forma de la escritura. Otro, la presencia de frases tan duras que el lector se siente golpeado de tiempo en tiempo. Otro, la crítica irónica y carente de compasión hacia la mujer moderna, en particular con respecto a su debilidad ante las manipulaciones del hombre. Se trata de una literatura, me parece, nueva, complicada, exigente, que desafía al escritor de nuestros tiempos a esforzarse por producir obras que reflejen ejercicios intelectuales complejos.

La escritura de Jelinek es una en la que se superponen texto sobre texto. No me refiero a varias voces narrativas que se intercalan, ni a tiempos flexibles que se desplazan en direcciones distintas, ni siquiera a historias simultáneas o a personajes multidimensionales que muestran unas veces unas facetas y otras veces otras. Me refiero a todo eso al mismo tiempo, combinado de una manera que impone una lectura lenta, cautelosa, semejante a lo que es necesario cuando se sube por una escalera de la que se sabe que tiene peldaños sueltos pero no se sabe cuáles, ni cuantos, de modo que es necesario afirmar primero bien un pie, antes de arriesgar el otro, cada vez y cada vez. Algo que me llama mucho la atención es que el uso de figuras retóricas es permanente, pero ellas no parecen ser novedosas en absoluto. Es como si la autora reconociera que lo más valioso de las comparaciones (las metáforas, las analogías, etc.) no es necesariamente que ellas sean originales, sino que aquellas ideas a las que se aplican sí lo sean. Me parece que el párrafo que transcribo enseguida* ejemplifica muy bien todo esto que he escrito hasta ahora:

“El gendarme, a todo eso, está completamente poseído de una especie de obsesión que llegó imperceptiblemente pero al final se quedó, incluso es perceptible para los vecinos (asombro ante los retoños del jardín delantero ¿de dónde habrán salido? ¿Comprarlos él? ¡Imposible!). A veces alguien consulta con el registro de la propiedad lo que el gendarme intentó camuflar con el libro de la vida. Ahora ha atracado, ha atisbado su objetivo. Ha recogido los remos, ha echado el anzuelo. Las redes: lanzadas. Tal vez al principio había sido un gendarme para algo distinto, bello, ¿razonable? Un hombre de buen ver y aparentemente sereno es el gendarme, como nos gusta a las mujeres. Así sí que se puede trabajar. No solo por conservar la paz en el mundo engañan los hombres a las mujeres como a chinos para hacerlas depender de ellos, cuando en realidad las mujeres tienen algo más que ofrecer, todo su pensar y sentir, y muchas cosas de lanas de colores”.

*Obsesión, Elfriede Jelinek. Editorial Mondadori, 2006

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Agosto 2013