Un recurso que me llamó muchísimo la atención, y me causó mucho respeto, en la obra “Obsesión” de Elfriede Jelinek es la forma como la autora concatena los contenidos para crear una impresión definida de tiempo. Da la sensación de que se pasea por entre laberintos de ideas que desarrolla en frases muy cortas y a saltos al parecer erráticos, que sin embargo ocurren en el momento necesario para recordar que, por ejemplo, esta determinada situación es continuación de esa otra que sucedió hace seis páginas y que enunció y quizás desarrolló a medias pero sin cerrar la idea. A continuación aparecen unos párrafos de ejemplo para ilustrar cómo una idea concreta (una fotografía en la que el patriarca de la familia aparece junto al rey) aparece diseminada dentro de un número increíble de páginas, siempre en frases muy cortas y no necesariamente explicitas, y que sin embargo conserva la percepción de unidad y de sentido completo. Incluyo las únicas cinco primeras ocasiones en las que esta idea aparece dentro de la novela:
Párrafo 1:
“El gendarme Kurt Janish vuelve a observar hoy la foto en la que su padre, el coronel Janish, rendía honores al rey treinta años atrás. Fíjate, ahí sigue estando el padre visiblemente obligado a retroceder un paso pese a su propio impulso entusiasta por cuadrarse, pero ¿por qué no hay nada ahí que lo detenga? Hay algo blando, indeciso en sus hombros que por otra parte parece empujarlo hacia adelante. Quizás fuese solo una reverencia ante el monarca añadida involuntariamente, casi a modo de propina, al tantas veces ensayado saludo militar. En el hijo es imposible reconocer ya nada servicial….”
Párrafo 3:
“Entre tanto, por cierto, están los dos muertos, el rey y su conductor y guarda, el padre del gendarme que en aquel entonces guió orgulloso los briosos coches negros desde la estación central de Graz (la visita oficial había llegado con el ferrocarril desde Viena por el viaducto del Semmering), pasando, como estaba ya previsto, por el puente sobre el ría Mur, para más tarde tirarlos sin ningún miramiento en la armería donde los ricos ya siglos atrás habían dejado en depósito sus trajes metálicos. Cómo se puede odiar la vida, piensa ahora mismo el hijo que sobró de la mesa del padre…. “
Párrafo 4:
“¿Me equivoco o aquí se encontró hace años algo que jamás llegó a aclararse? ¿Qué voy a encontrarme si abro este viejo periódico?”
Párrafo 30:
“Hombre delgado en un traje oscuro, el rey siempre aparece apropiadamente en la fotografía, aunque no lo necesitaba porque ¡ya ha aparecido en demasiadas fotografías!”
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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Agosto 2013