LA MAGDALENA DE VARGAS VILA

La María Magdalena del escritor colombiano Jose María Vargas Vila (Bogotá 1860 – Barcelona 1933) no era una pecadora que sedujo a Jesucristo. Únicamente. Era una pecadora que además de seducir a Jesucristo, había sostenido una relación carnal con Judas Iscariote, el apóstol que vendió a Jesús por treinta monedas. En la ficción de Vargas Vila, la razón de la traición no fue, de ninguna manera, la codicia por las monedas, sino la venganza del amante despechado Iscariote. De hecho, narra el autor, la razón por la que Judas se enlistó como apóstol fue para espiar a Jesús y así poder encontrar el mejor momento para entregarlo a Poncio Pilatos, en venganza. Al final Judas ofrece a Jesús entregarle las monedas a cambio de abandonar Galilea y olvidarse de María Magdalena. Ya se sabe que no aceptó.

Es de entender el escándalo de la Iglesia Católica con el tema de la novela*. He leído ensayos muy eruditos que sostienen que la historia narrada por Vargas Vila no fue la razón real de la prohibición del libro, sino su postura anti-clerical con olor a paganismo. Yo no lo creo. La trama tenía que haber sido por completo inadmisible en la sociedad mojigata de principios del siglo XX. Que Jesús y María Magdalena tuvieron relaciones sexuales es algo que no es nuevo en la literatura. Pero en el momento en que se escribió la novela, 1917, sí lo era, y el escándalo creció página a página con esa trama compleja que inventó Vargas Vila. Me atrevo a pensar que la maestría en la escritura de esta obra, su lirismo, su intensidad, la calidad que resuma, la hicieron todavía mil veces más peligrosa para las mentalidades conservadoras de la época.

Fue la obra María Magdalena de José María Vargas Vila, la primera lectura que me hizo desear ser un día un escritor capaz de narrar con esa fuerza y de esa misma forma lírica. Probablemente cuando la leí, a mis ocho o diez años, no entendí ni mitad de las implicaciones morales o sociológicas del relato, pero sí recuerdo muy bien que terminé de leerla con algo que yo no tenía antes y que no me ha abandonado nunca, una admiración reverencial por quien escribe con semejante fuerza. Transcribo uno de mis fragmentos preferidos:

“…Magdalena, soñadora, parece seguir una visión fascinadora, vagabunda en la Noche;
sus ojos reverberan, con luces de una pasión extraña, luces de Esperanza, blancas, como la de una estrella sobre la montaña;
hay añoranzas de purezas en aquellos ojos, hechos uno como divino océano de tristezas, en los cuáles parece haberse hundido un sol melancólico, caído de los ardientes cielos del trópico;
algo canta en su alma, con voz sonora;
perdura la voz acariciadora del Nazareno, con ternuras de bálsamos y crueldades de un veneno;…”

*María Magdalena. José María Vargas Vila. Panamericana Editorial, Bogotá 1999.

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Septiembre 2013