La Salomé del Nuevo Testamento fue la hija de Herodes, una seductora princesa romana que en una noche de danza árabe perfecta pidió en homenaje a su padre, por consejo de su madre, la cabeza de Juan El Bautista. La Salomé de Vargas Vila* fue la hija de una princesa otoñal, la esposa de Herodes, una mujer que estaba enferma de deseo sexual por el Bautista:
“…ya lo había mandado prender;
ahora, ya, sería suyo;
lo gozaría antes de matarlo;
ese era su sueño;
rendir aquella cabeza rebelde antes de cortarla;
apretarla, como a una margarita de oro, contra su corazón;
sentir sobre su cuerpo de leona insaciable aquel cuerpo juvenil, flébil y blanco;
besar esa boca rencorosa, que la insultaba;
desgreñar con sus manos, al acariciarla, esa cabeza ensortijada con sus bucles como pequeñas sierpes de acero rodeando el rostro de un ídolo de bronce;
extraerle el jugo de la Vida antes de darle el brebaje de la Muerte;…”
Escrita entre segmentos de prosa y segmentos de poesía, la novela narra cómo Salomé también se enamoró del Bautista, cómo él las rechazó a ambas, cómo la esposa de Herodes mandó que cortaran su cabeza pero Salomé con ayuda de su hermano reemplazó al Bautista por el hijo amado de su madre, de modo que lo que a la madre le sirvieron en la bandeja fue la cabeza de su propio vástago. La historia continúa aún más dramática, truculenta si se quiere. Mi punto aquí es que esta novela de Vargas Vila fue mucho menos escandalosa que María Magdalena, a pesar de ser también francamente erótica, porque además de no enfocarse en una piedra angular de la fe cristiana, Jesucristo, la ficción en este relato conservó a los malos en el lugar de los malos (Salomé y su madre) y al bueno en el lado correcto (El Bautista). Creo además que el hecho de que no está escrita con la maestría de María Magdalena también cuenta, todo tipo de quiebre a lo ya establecido parece ser mucho más peligroso cuando es erudite y bien escrito.
* Salomé. José María Vargas Vila. Editorial Panamericana 2003.
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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Septiembre 2013