SELECCION DE FRASES DE VARGAS VILA SOBRE MUJERES

IBIS
“Ama a la mujer, diosa de carne; ámala por su carne solamente”
“La mujer es más amarga que la muerte, dice Salomón; prueba su cicuta y rompe el vaso”
“Ama a las mujeres, no ames a la Mujer; no ames nunca a una mujer; esa será tu perdición; la Mujer es la fuente del mal y del dolor; la Mujer lleva en su vientre la tragedia; inocente y fatal, hay en ella algo irredimido, que le hace llevar la catástrofe a la vida y al Amor”

SALOMÉ
“Ella no tiene entrañas, no tiene sino vientre, bajo vientre; su amor mata como el rencor de un áspid”

FLOR DEL FANGO
“Me sentía ahogar, las sienes me latían, tenía seca la garganta, estremecimientos como de fiebre recorrían todo mi cuerpo; sentía en mi seno y bajo mis vestidos como las mordeduras de un animal salvaje”
“En aquella virgen se reflejaba la pasión como la llama a través de una lámpara de alabastro; se comprendía que al beso del placer, aquel mármol hecho carne debía tornarse en fuego, como la vípera mágica de los faraones que el día del combate se tornaba en llama”
“Necesitaba aumentar su hermosura por el tocado para aparecer deslumbradora y esquiva a los ojos del hombre a quien amaba tanto y de quien estaba celosa; necesitaba vengarse, seducir, brillar; se creía abandonada y quería como una estrella lucir aún más en la soledad el resplandor de su belleza astral”

LA UBRE DE LA LOBA
“Su intachable y larga virginidad pareció florecer sin mancillarse en aquella flor de carne, que era sangre de su sangre y tardío retoño de su estirpe”
“La boca era grande y triste, de labio exangües perpetuamente plegados en un gesto de oración, recorridos a veces por un ligero temblor, como el del agua de un vaso donde cae un pétalo de rosa”

MARIA MAGDALENA
“La pecadora ¿dormita? ¿vela?…
un rayo de luz riela en el oro de sus cabellos, y la corona de destellos como de una aureola…
la ola de la luz se pierde en su mirada verde;
en el verde marescente de sus pupilas, grandes, orgullosas, y tranquilas como dos frescos valles matinales;
los raudales de su cabellera envuelven su cuerpo en un manto sutil de oro, el tesoro de su cuerpo de marfil;
esta tendida sobre cojines rojos, en la actitud indolente y felina, de una joven pantera, viendo morir el sol en la ladera de una colina;
las esmeraldas que adornan su cuello y su cabeza, parecen morir de enojos, y compiten con el verde y con la tristeza de sus ojos;”

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Septiembre 2013