“Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
Como de sí mismos se desnudarían dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos”.
“Hago en el suelo un trazo, junto al agua:
No tarda la marea en alisarlo.
Así es el poema. Es común suerte
Que arenas y poemas tanto valgan
A vaivén de la marea, al ven ven de la muerte”.
“Todavía ahora es la mañana, y ya los vientos
Sosiegan en el cielo. Poco a poco,
La niebla antigua y densa se levanta.
Rubicundo, el sol abre un camino
En la plata nublada de estas aguas.
Es la mañana, amor mío, la noche huye,
Y en la miel de tus ojos oscurece
Lo amargo de las sombras y de las penas”.
“Caminábamos sobre las aguas como los dioses,
Y fuimos dioses.
Trazaron nuestras manos todo el arco del cielo,
Y los trozos allí quedaron.
Miramos hoy la obra, cansados arquitectos:
No son nuestros los techos”.
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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Septiembre 2013