NUESTRA PARADOJA

Aunque Milan Kundera parezca sugerir en El Arte de la Novela, que el tema aparece primero en la mente del novelista y con posterioridad se crea el relato, yo pienso que en la práctica la escritura de un cuento o una novella no ocurre de ese modo. De hecho, muchos novelistas y cuentistas ni siquiera son conscientes de cuáles son las diferencias entre su tema y su historia, ni las diseña, ni parecen necesitarlas. Ocurren, sencillamente, como resultado de la inspiración y del proceso de hacer de ella una obra de literatura. También ocurre, creo yo que la mayoría de las veces si no todo el tiempo, que el lector encuentra en la obra literaria mensajes y estructuras que el autor el autor nunca propuso. Humberto Eco ha tratado el tema a profundidad, y lo incluiré en mis notas pronto.

Si bien el tratamiento del tema que se explora y la forma como se concatena con el relato no obedecen necesariamente a un diseño previo de la obra, sí resultan de la “bitacora” que guía el trabajo del escritor a través de la ruta incierta de su proceso creativo. Todos sabemos que esta ruta no es lineal, sino que es un proceso que “reverbera” entre la inspiración y el esfuerzo por darle forma, estructura, verosimilitud, secuencia. Me refiero a que se parte de una inspiración cualquiera (la idea general de la obra o una historia real o una frase específica), se le trabaja, es decir se escribe más y más alrededor de esa idea, se regresa una vez y otra a un punto previo para re-escribir con el objeto de plasmar una inspiración nueva o de darle una nueva forma a una inspiración que ya existía. Yo veo el proceso al mismo tiempo como la gran tragedia que vive el escritor mientras que escribe y lo único que lo redime, la paradoja de andar en círculos y sin embargo avanzar en el camino. La espiral del proceso creativo, redención y tragedia.