EXPLORAR O ENUNCIAR EL TEMA

La tercera clave importante en la diferenciación entre la historia (o relato) y el tema de la novela, a mi modo de ver, es que tanto el tema como el relato afectan directa y estructuralmente al protagonista o personaje principal. Le ocurren a el (o ella). De esta manera es claro que ni el tema es una historia dentro de la historia principal del relato, ni viceversa.

Que el tema solo se enuncia en los cuentos cortos se ejemplifica en mi cuento Embustero, que publicó Contratiempo hace algunos meses. Aquí, el tema es el interés femenino en una relación basada solo en sexo. La historia, es un encuentro de amor bonito.

EMBUSTERO
Por: Martha Cecilia Rivera

Preguntó si vi el conejo y señaló algo con su brazo extendido. No, no lo ví. Agudicé mis ojos pero no logré encontrarlo ni inventarlo, de modo que no hubo orejas puntiagudas ni hocico, ni siquiera una mota de algodón en lugar de la cola. Silenciosa, el agua del gran lago se acercó, se alejó y se quedó, todo al mismo tiempo, porque ésa es precisamente su virtud y su tragedia, la de no poder quedarse quieta y sin embargo carecer de libertad en su movimiento. No está en un mar, no fluye. No forma parte de un río tampoco, no navega. Se mueve sin moverse, igual que el amor con este hombre, hecho tan solo de sexo, aunque no lo hacemos ahora más y en cambio nos dedicamos a pasear de noche en la playa para hablar de cosas tontas. Lo miré sin que él se diera cuenta y descubrí que su rostro es ingenuo. Preguntó enseguida si vi la bandera. No, mucho menos. Hay quien cree que el ser humano no la plantó nunca, y que su imagen carente de ondas fue tan sólo un truco creado por un director de cine extranjero. Miré mi reloj y pronostiqué sin palabras, con desconsuelo, que esta noche no haríamos el amor tampoco, ya no habría tiempo. Me llené de irritación pero él no lo notó y se puso a hablar del queso. Dijo que hoy en día luce algo deforme, y menos denso, por los agujeros que causaron los marcianos al morderlo. Solté una carcajada. Sin darme ni cuenta, el sonido de mi propia risa distrajo mi deseo. Durante un momento olvidé que lo único importante de él era su cuerpo y mi pasión sedienta se apaciguó un poco. Lo besé sin prisa, por primera vez desde que lo conozco con ternura, una ternura recién nacida para este amante incumplidor que insiste en enamorarme inventándose conejos, banderas y marcianos en la luna.
Chicago, Octubre 2012

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