SOBRE LA NECESIDAD DE LA FANTASÍA

Me he preguntado si la fantasía es una necesidad o solo un adorno en la literatura. Me refiero en concreto al componente mágico, ese que encontramos en los tiempos más modernos del quehacer con escritores como Gunter Grass, y por supuesto Gabo, inclusive Cortázar con La Maga. Y es que otras literaturas, como la existencialista de Sartre y de De Beauvoir, parecieron no necesitar mucho de ese componente de ficción que lleva al lector a un mundo irreal, distinto. Sartre, Simon de Beauvoir, Camus, establecieron una conexión profunda, a nivel moral, con un lector que en su momento se encontraba quizás no solo a la espera del arte que vendría a confrontarlo con toda desnudez con su realidad social interna, sino que ya estaba preparado para encararlo. Gabo, y Grass también establecieron esas conexiones con un lector más masivo, (si se quiere) a través de personajes y episodios llenos de magia que ofrecieron a la angustia vestida con trajes de colores.

En medio de esa pregunta se entrevera Bach (Suite Cello No.1), como en cada mañana de sábado, y me ofrece una pista para la respuesta. No soy, ni de lejos, una persona conocedora de la música de los maestros que elevaron el espíritu de toda la raza humana hasta sacarla del oscurantismo. Si logro, son embargo, reconocer que sus composiciones tienen una riqueza interna que ninguno de los grandes músicos de los siguientes siglos parece poder equiparar. La música de Bach, de Beethoven, de Mozart, de Strauss, parece tener “más notas por dentro”. Es Arte, con mayúscula, en un nivel al que no podrán llegar jamás las composiciones del siglo XX con su sonido electrónico, ese que agregó efecto acústico pero resto notas a la música. Hoy apuesto, entonces, y como siempre, por la literatura que está llena por dentro de más notas.

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Mayo 2015