La primera vez que escuché a Stanislaw Jaroszek leer uno de sus relatos quedé en silencio por un tiempo largo, llena de sorpresa. Me gustó muchísimo. A todos los demás también, lo que se respiró a su alrededor fue respeto. Era una tarde de febrero, invierno en Chicago, y cuando Jaroszek terminó de leer su cuento desde debajo de su gorro, lana gris con solapas para las orejas, y borla, creo, permaneció impávido. Polaco. Cultura diferente de la nuestra, no miró ansioso a lado y lado en espera de un aplauso o una censura como hubiera hecho cualquier escritor Latino que se respete. Esperó en silencio, mientras yo solo podía pensar en que un cuento tiene que ser muy pero muy bueno para que a pesar de las conjugaciones dudosas en algunos verbos, causara semejante impacto. Con el tiempo leí a Jaroszek despacio, un cuento, y otro, y encontré una profundidad inesperada. Hay un mundo interior en su literatura y con él, una visión propia que muestra al lector en una narrativa distinta, una que no busca maravillar ni provocar risa, sino que descubre una ironía fina, permanente, articulada, dentro de un estilo minimalista que me hace pensar en la máxima de levedad que nos dejó Italo Calvino. Aquí hay profundidad y maestría. Me pregunto si él lo sabe, todos lo conocemos como a un hombre tímido y modesto. Felicidades y buenos augurios a Stanislaw Jaroszek, escritor polaco que se enamoró del idioma español lo bastante como para escribirlo, en el lanzamiento de su nuevo libro “De novias, esposas y otras cosas”.
Escritor*
Un hombre y una mujer están sentados en una banca, debajo de un árbol grande.
—¿Y en qué piensas?
—En un libro.
—¿Qué libro?
—El que escribo.
La mujer se voltea para escapar de su mirada.
—Creo que será bueno —dice el hombre.
—Yo estoy leyendo una novela y es buenísima. Una mujer se enamora durante su viaje a África, de un hombre de la tribu, y se queda allí para vivir en la jungla.
El hombre sonríe y no responde nada.
—Si tú pudieras inventar algo así, serías exitoso.
—Es que yo no invento, yo vivo lo que escribo.
Después de un momento de silencio, añade:
—Escribo cuentos.
—Te cuento que ahora tengo más tiempo y leo mucho. Si quieres, puedo darte las últimas novelas que he terminado.
—Es que no leo cuando escribo.
—Dime, ¿te da envidia cuando otro escritor escribe mejor que tú?
—Si escribe mejor, no.
—¿Y si no escribe bien?
—Entonces no importa.
La mujer lo mira sin entender, consulta el reloj y dice:
—Bueno, ya tengo que irme, los niños regresarán de la escuela.
—Pues, me dio gusto verte —dice mientras lo besa en la mejilla.
Se levanta y empieza a caminar dejándolo solo en la banca. El hombre la mira alejarse, está enojado consigo mismo. “Qué estúpido soy”, piensa. Pero no puede apartar los ojos de la espalda de la mujer hasta que ésta desaparece. Era la protagonista de todos los cuentos que había escrito.
* Stanislaw Jaroszek. De novias, esposas y otras cosas. Editorial El Beisman, Chicago, 2014
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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Octubre 2014.