MAS ALLÁ DE LOS VERSOS MAS TRISTES ESTA NOCHE

Más allá de “puedo escribir los versos más tristes esta noche”, se encuentran los poemas surrealistas de Neruda. Son menos populares, por supuesto, porque son infinitamente más profundos, y porque revelan, como puntas de iceberg solamente, la complejidad atormentada de los procesos subconscientes del insigne poeta. Y es que los procesos subconscientes son, por definición, complejos y tormentosos. “…venenos y ombligos…”, “…vergüenza y espanto…” “…camisas que lloran lentas lágrimas sucias”. Si hemos de creer a Freud, y yo le creo cada día un poco más que el anterior frente a mi espejo, aquello que ocupa el subconsciente es lo que nos negamos a ver. Aunque esta última frase es una manera súper simplificada y sucinta de expresar el concepto, es claro que nos negamos es aquí un conjunto de palabras que juega un papel clave. Allá, al subconsciente, enviamos sin darnos cuenta, aquello inaceptable que atormenta. Aquí incluyo un reflejo de ese tormento de Neruda, recordándolo esta semana en que se cumplió un nuevo aniversario de su muerte.

“Walking Around*

Sucede que me canso de ser hombre.

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro

Navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.

Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,

sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra.

Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado

o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.

Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,

vacilante, extendido, tiritando de sueño,

hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,

absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba,

de subterráneo solo, de bodega con muertos

ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,

a hospitales donde los huesos salen por la ventana,

a ciertas zapaterías con olor a vinagre,

a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos

colgando de las puertas de las casas que odio,

hay dentaduras olvidadas en una cafetera,

hay espejos

que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,

hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,

con furia, con olvido,

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,

y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:

calzoncillos, toallas y camisas que lloran

lentas lágrimas sucias”.

* En: Residencias de la Tierra. Pablo Neruda, España, (1931 – 1935)

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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Septiembre 2014