Me he preguntado si La Maga de Cortázar encarnó en su momento a la mujer que toda mujer soñaba con ser para un hombre, o a la mujer a la que todo hombre soñaba con lograr enamorar alguna vez. Y es que la frescura, la irreverencia, la magia de ese personaje inolvidable que marcó un hito en la historia de nuestras letras, no pareció ser el resultado de un artificio de la creación literaria sino un reflejo de algo que la literatura de entonces, quizás sin saberlo, estaba buscando: un prototipo diferente de la mujer que el personaje ama. Atrás dejó La Maga a las Madames Bovary, a las Annas Karenina, a las Catherines Eatnshaw, inclusive a las Marias (como la de Jorge Isaac), envueltas en la penumbrosa aura de una heroína de otros tiempos que ya no encajó con la realidad que la ficción literaria necesitó entonces. Si la ficción literaria la necesitó entonces, es porque el alma del creador, y por consiguiente el alma de los lectores, también la necesitaban.
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Martha Cecilia Rivera, Chicago, Mayo 2015